El golf amateur en crecimiento
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Una de las grandes fallas de nuestro golf, reside sin duda en la carencia de estímulos para el desarrollo de jugadores amateurs. Por una parte, la falta de campos públicos hace prácticamente imposible la conformación de una liga colegial y, por la otra, que los planes de desarrollo entre los jóvenes con potencial, generalmente se trunca precisamente cuando éstos ingresan a la universidad. No obstante lo anterior, sí podemos observar un crecimiento exponencial en el número de niñas y niños que comienzan desde pequeños a practicar este deporte y de seguir por un camino adecuado, algunos de ellos podrán ser grandes exponentes de nuestro golf en el futuro próximo. Sin embargo, esta cantidad de niños y jóvenes, desgraciadamente está limitada a aquellos que forman parte de la membresía de alguno de nuestros clubes privados, lo que evita en gran medida el desarrollo del potencial de muchos otros que no tienen acceso a estas privilegiadas instalaciones. El golf está considerado por la clase política como un deporte elitista y parece no haber forma de cambiar esta apreciación. Pretender cambiar un área de terreno prácticamente inútil por un pulmón urbano de áreas verdes -aún cuando es la iniciativa privada y no el gobierno quien arriesga su inversión-, parece un tabú que debe ser desprestigiado en aras de llevar la estupidez al nivel que sólo nuestros políticos y sus bases pueden demostrar. Los casos sobran y los hemos mencionado hasta el cansancio: Tepoztlán, Atizapán y uno más, que pretendía (o aún pretende) cristalizar el gran promotor Pepe Gómez Cañibe en los terrenos de la desaparecida refinería de Azcapotzalco. Pero ateniéndonos a lo poco que nos queda, es un hecho que esta pequeña población crece más cada año y las asociaciones regionales se han visto en la necesidad de negociar espacios con los Consejos de los clubes para fomentar la práctica y la competencia. Tan sólo en la Asociación de Golf del Valle de México (AGVM), este crecimiento ha superado el 300% en los últimos cuatro años, situación similar al de las otras regiones del país. En estos casos me refiero a golfistas entre los 6 y los 18 años, que al término de su ciclo juvenil, se enfrentan a un muro infranqueable. Llegada la edad en la que no pueden seguir compitiendo en estas giras, prácticamente desaparecen sus posibilidades de seguir evolucionando, a menos que tengan niveles de superdotados y puedan gracias a ello, acceder mediante una beca a universidades de los Estados Unidos. Nuevamente, como en muchos otros estratos de la realidad nacional, nuestros mexicanos destacados deben buscar su desarrollo en otras latitudes, ante la imposibilidad de hacerlo en el propio territorio. Este nudo gordiano tiene muchos responsables, aparte de los ya mencionados en la esfera política. Aportan su granito de arena los Consejos de Administración de los Clubes, quienes se muestran reacios a facilitar sus instalaciones, las asociaciones que no promueven espacios para su desarrollo y la propia Federación Mexicana de Golf, que al no contar con los apoyos suficientes, limita su actuación a las pocas competencias estrictamente oficiales que organiza. Tampoco es fácil encontrar una solución viable y las alternativas a la vista están sumamente limitadas: preparar a los jóvenes para luego exportarlos al extranjero, convencer a los clubes en la necesidad de apoyarlos o, de plano, desarrollar un proyecto de infraestructura para la creación de campos públicos en polos urbanos y suburbanos, y convencer a la clase política de su viabilidad, como solución ecológica permanente y generadora de fuentes de trabajo. Prueba de ellos son los miles de campos públicos en los Estados Unidos, donde el salario por hora es muy superior al de México, y a pesar de ello, son generosas fuentes de ingresos para sus propietarios, aún con reducidas cuotas por green–fee. Las dos primeras son factibles, pero siguen siendo muy limitadas; la tercera, en cambio, supone un esfuerzo enorme, pero sustentaría las bases para ampliar exponencialmente el desarrollo de nuevas generaciones de golfistas, incluyendo en ese universo a quien carece de posibilidades de pertenecer a un club de golf privado. De lo que no tengo duda es que aquél que logre cumplir este objetivo, será recordado como el mejor promotor golfístico de este país en toda su historia. |
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